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21 de octubre de 2016El desafío de mejorar el capital humano en América Latina
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Contar con una población mejor formada es una de las herramientas más eficaces para reducir la desigualdad y para garantizar el crecimiento económico a largo plazo

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América Latina lleva más de cinco años tratando de encontrar soluciones para una desaceleración económica que amenaza con revertir los avances sociales cosechados desde inicios de siglo y con mermar la recientemente asentada clase media.

La pregunta principal es la siguiente: cómo lograr un crecimiento sostenido que beneficie a todos los ciudadanos y que no esté a expensas de la variación de los precios de las materias primas o de los vientos a favor en la economía global.

Expertos y gobernantes coinciden en que la respuesta a este impasse económico está en aumentar la productividad y en asegurar que el valor adicional que resulte de este aumento no quede concentrado en pocas personas. Y el secreto para hacerlo, según desvela el último Reporte de Economía y Desarrollo (RED 2016), publicado por CAF -Banco de Desarrollo de América Latina-, es contar con trabajadores mejor formados que sean capaces de desempeñarse exitosamente en las ocupaciones que requiere el mercado laboral, así como en otros aspectos de la vida que aseguren una inclusión económica y cívica plena.

Pero para alcanzar esta proyección, la región deberá superar serios obstáculos, como los que siguen. Actualmente solo la mitad de los jóvenes latinoamericanos completa la educación secundaria; dos de cada tres estudiantes no cuentan con las competencias matemáticas básicas; 20 millones de jóvenes -el 20% del total- no estudian ni trabajan; casi la mitad de los empleados trabajan en el sector informal, que ofrece empleos de peor calidad y concentra una gran cantidad de establecimientos que aportan muy poco a la productividad y al crecimiento agregado de la economía.

Este déficit de un capital humano de calidad impide que la región crezca con todo su potencial y, al mismo tiempo, limita las aspiraciones de movilidad social en la población.

"Las mejoras en el capital humano de la región deberían producirse de forma integral, apuntando al desarrollo de habilidades cognitivas, socioemocionales y físicas de las personas. Las inversiones para lograr más habilidades deben canalizarse no solo a través del sistema educativo, sino también de la familia, del entorno y del mercado laboral, con la finalidad de abarcar todos los ámbitos que influyen en la formación a lo largo de la vida", afirma Lucila Berniell, ejecutiva principal de CAF y una de las coordinadoras de la publicación.

En este sentido, el RED 2016 recomienda que los esfuerzos que se hagan en la esfera educativa, como dotar a las escuelas de más y mejores recursos, deben estar acompañados de iniciativas públicas que ayuden a las familias a invertir más tiempo de calidad en el desarrollo de sus hijos. Paralelamente, la conexión del sistema educativo con el mundo del trabajo puede contribuir a mejores decisiones vocacionales y ocupacionales de los jóvenes, a través de proveer formación, información y experiencias que permitan la transición a buenos empleos.

¿Cuándo, cómo y dónde se forman estas habilidades?

Las habilidades se forman a lo largo de toda la vida, pero las bases se sientan en las primeras dos décadas, e incluso desde antes de nacer. La construcción de nuevas habilidades es un proceso acumulativo, en el cual las conexiones entre familia, escuela y mundo laboral se benefician notablemente de un entorno dotado con la infraestructura física y social adecuada. Una infraestructura de calidad, que provea servicios públicos básicos como el agua y saneamiento y espacios públicos seguros, no solo complementa los esfuerzos de crianza de los padres sino que también ayuda a las familias a prevenir y mitigar los efectos deshocksadversos (climáticos, económicos, o de violencia) que de otra manera podrían interrumpir o dificultar seriamente el proceso de acumulación de habilidades para la vida y el trabajo.

En este sentido, el reto de política es generar esquemas de coordinación y cooperación horizontal entre las áreas de gestión pública que comandan la provisión de bienes y servicios útiles para las familias, la escuela, el hábitat y el mundo del trabajo.  

"Promover el capital humano a través de estos cuatro ámbitos implica muchos desafíos para las políticas públicas, pero la rentabilidad para el desarrollo a medio y largo plazo es muy alta. América Latina, por su estructura demográfica, es todavía una región joven por lo tanto apostar a la formación de buenas habilidades en niños y jóvenes es la mejor inversión posible", explica Berniell. 

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