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04 de octubre de 201760% de los latinoamericanos tiene dificultades para cubrir gastos mensuales
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Desarrollar capacidades financieras en los ciudadanos les permiten tomar decisiones informadas sobre los productos y servicios que satisfagan sus necesidades, aumentando su bienestar en el mediano y largo plazo. La educación financiera debe pasar de ser la mera difusión de conocimientos al desarrollo de competencias, habilidades y actitudes que se traduzcan en el control de su futuro financiero.

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La educación financiera es crítica para la inclusión pues facilita el uso efectivo de los productos financieros y ayuda a que las personas desarrollen habilidades para comparar y seleccionar los mejores productos para sus necesidades. Los esfuerzos tradicionales se han centrado en la educación financiera como difusión de conocimientos, habilidades e información. Sin embargo, el desarrollo de capacidades financieras añade la dimensión del comportamiento como una variable fundamental.

Una persona financieramente capaz es aquella que puede utilizar los productos y servicios financieros de una manera responsable y efectiva. En contraposición, la falta de capacidad financiera puede conducir a la existencia de cuentas inactivas, exceso de endeudamiento, y otros problemas que tienen consecuencias negativas sobre el bienestar de las personas. Así lo explicó la Ejecutiva Senior de CAF Diana Mejía, durante el webinar “Psicología del Consumidor Financiero” auspiciado por Old Mutual.

Una inclusión financiera exitosa requiere que los consumidores sean "financieramente capaces". El término capacidad financiera se refiere a la combinación de conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos que una persona necesita para tomar decisiones financieras que conduzcan a su bienestar. En la medida en que el número de consumidores que accede por primera vez a servicios financieros formales se expande rápidamente, es imperativo que estos puedan usar los productos y servicios financieros de forma activa y para su propio beneficio.

Las iniciativas basadas en capacidades financieras han venido en aumento, pero aún están en sus primeras etapas. El enfoque de las capacidades financieras se debe a un creciente cuerpo de investigación que revela una importante brecha entre "saber" y "hacer". CAF ha venido apoyando diferentes iniciativas de educación y capacidades financieras en América Latina. En particular, ha realizado encuestas de medición de las capacidades financieras de la población en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, y próximamente en Paraguay.

Al analizar las respuestas de las 7.200 personas encuestadas a la luz de las ciencias del comportamiento financiero, se evidenció que existe una disparidad entre las actitudes tendientes al cuidado del dinero que se espera tener y el comportamiento o la toma de decisiones que están tomando las personas en sus finanzas. Un ejemplo de ello es que el 50% de los encuestados dicen tener metas a largo plazo y estar dispuestos a alcanzarlas, sin embargo, aproximadamente el 60% tiene dificultades para cubrir sus gastos mensuales y 40% no podría cubrir sus gastos por más de un mes si pierden su fuente principal de ingreso.

“Es un resultado bastante preocupante, ya que por un lado las personas dicen tener buenas actitudes y establecer metas más al final estamos viendo que el comportamiento y la realidad son diferentes”, explicó Mejía.

Una ciudadanía mejor educada en temas económicos y financieros no solo puede contribuir al mejor funcionamiento de la economía, sino también a que las políticas públicas sean más efectivas. Al empoderar a las personas para que tomen decisiones más informadas, se incrementa la probabilidad de que dichas decisiones sean mejores y, a su vez, que los ciudadanos sean capaces de controlar su futuro financiero, lo cual tiene un claro impacto positivo sobre su bienestar.

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