“ALC vive un desequilibrio que también puede ser fuente de innovación”
29 de enero de 2026
Un panel del Foro Económico Internacional 2026 destacó que la convergencia regional en torno a la naturaleza como activo estratégico es clave para el futuro de la economía.
29 de enero de 2026
La biodiversidad como activo económico estratégico y pilar de la acción climática fue el eje del panel “Los Retos y Oportunidades de la Acción Climática y la Biodiversidad: ALC Región de Soluciones”, realizado en el marco del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, promovido por CAF – banco de desarrollo de América Latina y el Caribe. El debate reunió a autoridades y especialistas que defendieron un cambio estructural en la forma en que la región concibe sus recursos naturales: no como un tema periférico, sino como una ventaja competitiva central para el desarrollo.
Participaron en el panel Juan Carlos Navarro, ministro de Ambiente de Panamá; Inés Manzano, ministra de Energía y Minas de Ecuador; Gustavo Manrique, exministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica de Ecuador; y Rachel Biderman, vicepresidenta senior para las Américas de Conservación Internacional.
A pesar de trayectorias institucionales distintas, los participantes coincidieron en un punto central: América Latina y el Caribe poseen en su biodiversidad la base de un nuevo modelo de crecimiento económico, capaz de combinar competitividad internacional, generación de ingresos y estabilidad climática. La región, que concentra cerca del 40% de la biodiversidad del planeta, fue presentada no como víctima de las crisis globales, sino como proveedora de soluciones.
Navarro afirmó que la riqueza natural latinoamericana debe tratarse como infraestructura económica estratégica. “Tenemos que dejar de ver nuestros recursos naturales como algo opcional. La riqueza natural de América Latina es su gran ventaja competitiva en el mundo de hoy”, señaló. Destacó que la biodiversidad sostiene sectores clave de la economía panameña, como la energía, el agro, el ecoturismo y el funcionamiento del Canal, altamente dependiente de la disponibilidad de agua dulce. Según explicó, la última gran sequía costó cerca de USD 1.000 millones al país.
Manzano presentó la experiencia ecuatoriana de integración entre ambiente, agua, energía y sectores extractivos bajo una única visión de política pública. Señaló que el agua pasó a ser el eje estratégico de la planificación nacional. “Sin agua no hay conservación, no hay minería, no hay energía. La biodiversidad debe entenderse como eje central del desarrollo”, afirmó. La ministra defendió mayor inversión regional en investigación científica, innovación verde y patentes asociadas al uso sostenible de los ecosistemas, destacando el potencial tecnológico aún poco aprovechado de la región.
Manrique sostuvo que la biodiversidad es la principal moneda de América Latina. “Todos los países de la región son ricos. Nuestra moneda es la biodiversidad. El desafío es valorarla viva”, declaró. Para él, el camino está en conectar conservación y economía a través de modelos productivos que generen ingresos, empleo y estabilidad social. El exministro citó ejemplos en los que ecosistemas preservados generan mayor valor económico que su explotación depredatoria, defendiendo una nueva narrativa para el modelo de desarrollo.
Biderman destacó que la región ya cuenta con ejemplos concretos de integración entre naturaleza y economía. “La bioeconomía no es un nicho, es la economía del futuro”, afirmó. Entre los casos mencionados figuran proyectos de carbono azul en manglares, modelos de bioeconomía amazónica y operaciones de canje de deuda por naturaleza. Según explicó, América Latina puede liderar mercados globales basados en soluciones naturales si avanza en marcos regulatorios y fortalece la confianza del sector privado.
El panel concluyó con un llamado a acelerar la cooperación regional, la inversión en innovación verde y la creación de marcos regulatorios que permitan escalar soluciones basadas en la naturaleza. Los participantes coincidieron en que el futuro económico de América Latina y el Caribe dependerá de su capacidad de transformar su capital natural en desarrollo sostenible, inclusión productiva y liderazgo climático global.
29 de enero de 2026
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29 de enero de 2026