El maratón en tiempos de datos: cómo la tecnología está cambiando la forma de entrenar

Durante años, entrenar para un maratón fue un ejercicio casi artesanal. Kilómetros acumulados, rutas repetidas una y otra vez, un cronómetro sencillo y la experiencia personal como principal guía. El corredor aprendía a conocerse escuchando el cuerpo: aflojar cuando las piernas pesaban, apretar cuando el aire alcanzaba. Hoy, esa forma de entrenar sigue viva, pero ya no camina sola. El maratón, incluso en manos del corredor aficionado venezolano, se prepara cada vez más en diálogo con los datos.

21 de enero de 2026

Por: Movistar y su servicio Lo Mejor en Deportes

La escena se repite en cualquier punto del país. En parques, carreteras secundarias o caminos rurales, corredores entrenan acompañados de relojes inteligentes y teléfonos que registran cada paso. Distancia, ritmo, pulso, desnivel, tiempo de recuperación. Correr dejó de ser únicamente una sensación para convertirse también en información. Una transformación silenciosa que está redefiniendo cómo se entienden los 42 kilómetros.

Del instinto a la medición constante

Durante mucho tiempo, el entrenamiento se construyó sobre la base de la repetición y la intuición. Se corría “a ritmo cómodo”, “un poco más fuerte” o “hasta donde el cuerpo aguantara”. El problema no era el método, sino la falta de referencias objetivas. Dos entrenamientos podían sentirse iguales y, sin embargo, generar impactos muy distintos en el organismo.

La llegada de la tecnología cambió esa lógica. Hoy, el corredor puede saber con precisión a qué ritmo corre, cuántos kilómetros acumula por semana y cómo responde su cuerpo al esfuerzo. La frecuencia cardíaca dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta cotidiana. Las zonas de entrenamiento permiten diferenciar cuándo se corre para construir resistencia y cuándo se trabaja la velocidad. El instinto sigue presente, pero ahora se contrasta con números.

Este cambio ha reducido la improvisación. Entrenar ya no consiste solo en sumar kilómetros, sino en distribuir mejor el esfuerzo. El corredor aprende que no todos los días deben ser intensos y que la constancia, bien dosificada, suele rendir más que los excesos esporádicos. La tecnología no elimina la experiencia personal, pero la ordena, la estructura y le da contexto.

El corredor digital y su nueva relación con el cuerpo

El nuevo lenguaje del maratonista está hecho de datos. Ritmo por kilómetro, cadencia, pulsaciones, carga semanal. Estos términos, antes reservados a entrenadores o atletas de alto rendimiento, forman hoy parte del vocabulario común del corredor aficionado.

Los relojes deportivos y las aplicaciones móviles permiten analizar cada sesión con detalle. Al terminar un entrenamiento, no solo queda la sensación física, sino un registro completo del esfuerzo. Ese historial se convierte en una herramienta de aprendizaje: permite identificar patrones, comparar semanas, detectar estancamientos y medir avances reales a lo largo del tiempo.

Este seguimiento continuo también ha cambiado la relación del corredor con su propio cuerpo. Antes, el cansancio era una señal difusa; ahora puede interpretarse mejor. Un pulso más elevado de lo habitual, una recuperación más lenta o una caída sostenida del rendimiento sirven como alertas tempranas. La tecnología no diagnostica, pero ayuda a observar con mayor claridad lo que antes pasaba desapercibido.

Algoritmos que organizan el entrenamiento

Más allá de medir, la tecnología actual también propone. Los planes de entrenamiento
digitales han evolucionado hacia sistemas capaces de adaptarse al rendimiento real
del corredor. Ya no se trata de seguir un calendario rígido, sino de ajustar cargas según
el progreso, el cansancio acumulado o los días perdidos.

Aquí es donde la inteligencia artificial comienza a tener un rol cada vez más visible. A
partir del análisis de entrenamientos previos, estos sistemas sugieren ritmos,
distribuyen esfuerzos y recalculan objetivos. No piensan por el corredor, pero ayudan
a organizar el camino.

La utilidad de estos algoritmos está en su capacidad de ver el conjunto. Donde el
corredor solo percibe una semana buena o mala, la tecnología observa tendencias.
Detecta repeticiones, excesos o carencias y ajusta la planificación para evitar picos de
fatiga. En un deporte de largo aliento como el maratón, esa visión global puede marcar
la diferencia entre llegar bien preparado o arrastrar errores acumulados.

Tecnología en un país de contrastes

La transformación digital del entrenamiento no se limita a grandes ciudades ni a
condiciones ideales. En Venezuela, correr implica adaptarse a climas variados,
desniveles exigentes y rutas que muchas veces no fueron pensadas para el deporte.
Sin embargo, la tecnología ha permitido convertir esas limitaciones en información
útil.

Un corredor en zonas montañosas aprende a regular su esfuerzo gracias a los datos de
altitud. Quien entrena bajo altas temperaturas ajusta ritmos y pausas observando su
respuesta cardiovascular. Incluso en rutas improvisadas, el GPS convierte cada
recorrido en un circuito medible y comparable.

Esta posibilidad ha democratizado el acceso a un entrenamiento más inteligente. Sin
importar el entorno, el corredor dispone de herramientas para planificar mejor, evitar
excesos y adaptarse a su realidad diaria. La tecnología no elimina las dificultades, pero
permite convivir con ellas de manera más consciente y estratégica.

El entrenamiento en soledad y la comunidad digital

Otro cambio relevante es la forma en que los corredores se conectan entre sí. Aunque
muchos entrenan solos, la tecnología ha creado comunidades virtuales que
acompañan el proceso. Compartir entrenamientos, comparar recorridos o
simplemente registrar la constancia semanal se ha vuelto parte de la motivación.

En un país donde no siempre es fácil acceder a carreras o eventos organizados, estas
comunidades digitales cumplen un rol importante. Mantienen viva la disciplina,
fomentan la constancia y permiten aprender de la experiencia colectiva. El
entrenamiento deja de ser un acto aislado y se convierte en un proceso compartido,
aunque cada quien corra en lugares distintos.

Cuando los datos se vuelven ruido

El avance tecnológico también trae desafíos. El exceso de información puede
convertirse en una distracción. Obsesionarse con métricas, comparar cada
entrenamiento o correr pendiente del reloj puede generar ansiedad y desconexión del
propio cuerpo.

Entrenar únicamente para cumplir cifras puede llevar a ignorar señales importantes:
fatiga acumulada, molestias persistentes o necesidad de descanso. El riesgo no está
en usar datos, sino en depender de ellos sin criterio.

Por eso, el verdadero aprendizaje del corredor digital es saber cuándo mirar la pantalla
y cuándo confiar en la sensación interna. La tecnología orienta, pero no corre por
nadie. El cuerpo sigue siendo el principal indicador, y los datos deben servir para
escucharlo mejor, no para silenciarlo.

El nuevo equilibrio del maratonista moderno

Entrenar un maratón hoy es un ejercicio de síntesis. Ciencia y experiencia, números y
sensaciones, planificación y adaptación. La tecnología ha elevado el nivel del
entrenamiento, incluso en el corredor aficionado venezolano, ofreciendo
herramientas que antes parecían lejanas.

Sin embargo, la esencia permanece intacta. Correr sigue siendo avanzar paso a paso,
sostener el esfuerzo y aprender del proceso. La diferencia es que ahora ese
aprendizaje se apoya en información valiosa que permite entrenar mejor, con mayor
conciencia y menor improvisación.

En tiempos de datos, el maratón no ha perdido su carácter épico. Simplemente se
prepara de otra manera. Con más información, más estrategia y el mismo espíritu de
siempre: llegar más lejos de lo que parecía posible.

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