Federico Vignati
Ejecutivo Principal de la Vicepresidencia del Sector Privado en CAF
La transición climática global enfrenta un desafío menos visible que la energía o la industria pesada: financiar la descarbonización de millones de pequeñas y medianas empresas.
Aunque las pymes representan más del 90 % del tejido empresarial mundial y generan más de la mitad del empleo, siguen prácticamente ausentes del sistema de financiamiento climático. Sin integrarlas a la transición, la descarbonización de la economía real simplemente no ocurrirá a la escala necesaria.
Desde la perspectiva climática, vivimos un período decisivo. En 2024, las temperaturas promedio globales superaron por primera vez el umbral de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. A pesar de esto, datos recientes muestran que crecer y descarbonizar la economía es posible y ya está ocurriendo. El Acuerdo de París (2015), firmado por más de 192 países, fue, en definitiva, el catalizador de este proceso.
En varias economías avanzadas ya existe evidencia de que el crecimiento económico puede desacoplarse de las emisiones. Desde 2015, economías como la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos han logrado expandir su actividad económica mientras reducen de forma sostenida sus emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, replicar esta dinámica a escala global requiere extender la transición climática hacia segmentos productivos que hasta ahora han quedado al margen del financiamiento climático.
En las economías más avanzadas, se hace evidente que crecimiento económico y descarbonización pueden y deben caminar de la mano. El desafío consiste, entonces, en replicar ese modelo en las economías y segmentos que aún no han logrado integrarse a esta transición; este es el caso de las pequeñas y medianas empresas (pymes).
La relevancia económica y capilaridad de las pymes las convierte en la "última milla" de la transición climática: es allí donde los compromisos de descarbonización adquieren forma de soluciones innovadoras para la productividad y nuevos negocios para la generación de empleos verdes. Para las instituciones financieras, las pymes representan una oportunidad de escala que ningún otro segmento puede igualar, pero también el segmento con mayor complejidad para ser financiado dentro de la arquitectura financiera.
La principal barrera para superar esta brecha no es necesariamente la escasez de recursos ni la falta de buenos proyectos: es un déficit de información. Sin datos estandarizados y verificables, las instituciones financieras no están en capacidad de evaluar oportunidades de mitigación ni estructurar productos adecuados.
Desde el lado de las empresas, el obstáculo es simétrico: la gran mayoría de las pymes carece de inventarios de emisiones de carbono, líneas base confiables y equipos técnicos dedicados. Se genera así un círculo vicioso: las pymes no acceden al financiamiento climático porque carecen de datos y capacidades, y no desarrollan esas capacidades porque no acceden al financiamiento que les permitiría hacerlo.
La arquitectura financiera actual, con la brecha de intermediación descrita, reproduce así una inequidad que no es solo estructural, sino también ineficiente desde la perspectiva de la asignación de capital, ralentizando la descarbonización de la economía. Resolverla es, ante todo, un desafío de diseño.
La palanca más crítica es la generación de datos confiables en origen. Sin información verificable, ninguna de las demás intervenciones es viable a escala. A partir de ahí, simplificar procesos de evaluación, integrar asistencia técnica al producto financiero y estandarizar criterios de elegibilidad son los pasos que pueden transformar a las pymes en un segmento viable y escalable para el financiamiento climático.
En última instancia, la transición climática no se decidirá solo en compromisos globales o en grandes inversiones corporativas. Se jugará también en la última milla de la economía: en millones de empresas que innovan para adaptarse a un nuevo contexto de regulaciones y estándares, donde el clima se incorpora como un nuevo elemento de la competitividad industrial.
En CAF, trabajamos desde la Vicepresidencia de Sectores Productivos (VSP) precisamente en esa dirección. A través de la Iniciativa Latinoamericana y del Caribe de Clima y Competitividad (ILACC), combinamos instrumentos de financiamiento —como el programa Pymes Verdes CAF/GCF— con asistencia técnica especializada en evaluación, estructuración y reporte. El Observatorio ILACC de Clima y Competitividad proporciona a las instituciones financieras las herramientas y los datos necesarios para hacer de las pymes un actor central —y no marginal— de la transición climática en la región.