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Una cultura de aprendizaje 05 de octubre de 2017 por: Rafael Fuentes
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La vida es un proceso de aprendizaje continuo. Con el tiempo aprendemos de las personas con las que nos cruzamos, de las buenas y de las malas experiencias,  aprendemos del día a día si nos fijamos con atención en el aquí y el ahora, y no sólo cuando algo diferente a lo cotidiano sucede. También aprendemos de los proyectos, grandes o pequeños, que nos inspiran y nos hacen soñar con un futuro posible para la región.

Si transportamos esta realidad al ámbito laboral, rápidamente nos daremos cuenta de que aprender a capturar y utilizar el conocimiento es uno de los retos más significativos que se presentan para los próximos años, ya que de ello dependerá desempeñar funciones de manera eficiente y efectiva. Para un organismo multilateral como CAF, una organización que tiene múltiples procesos de gestión, identificar oportunidades de mejora en nuestra eficiencia operativa no es solo tener una visión crítica, sino también un primer paso para incentivar una nueva cultura de aprendizaje. 

Arie de Geus comentó que "La única fuente de ventaja competitiva sostenible es la capacidad de una organización para aprender más rápido que la competencia". Desde entonces y hasta el presente son muchas las empresas que han lanzado programas de aprendizaje para convertirse en empresas inteligentes o más ágiles con diferentes resultados. El más reciente estudio de APQC, realizado entre 91 empresas mostró los cinco principales obstáculos que enfrentan las empresas en su objetivo de adquirir agilidad en su accionar, tal como se muestra en la figura.

Grafica aprendizaje

Estos obstáculos mostrados en la gráfica nos permiten entender por qué una cultura de aprendizaje es tan importante. Dada la complejidad de compartir el conocimiento, creamos un espacio que llamamos "Café con", en el cual los compañeros intercambian sus experiencias innovadoras, las lecciones aprendidas y las buenas prácticas, en un espacio informal y distendido, donde un entrevistador entabla una conversación que busca identificar las fuentes que motivaron esas iniciativas e intenta explicitar el valor para el funcionario, para la organización y para los clientes de la experiencia, quedando todo grabado para futuras consultas en la web interna.

Una cultura de aprendizaje tiene así dos componentes fundamentales; por una parte, aquellos asociados al ambiente laboral propicio para que fluya el conocimiento, tales como incentivos,  para que los funcionarios tengan las competencias y los sistemas tecnológicos que les habiliten a investigar y a compartir el conocimiento; y por otro lado, se requiere de un liderazgo que inspire confianza y tenga los recursos y el apoyo necesario para impulsar un programa que incentive el fluir del conocimiento dentro de la organización, creando instrumentos útiles para capturar lecciones aprendidas y buenas prácticas con la participación de todos en su gradual implementación.

Si aprender se convierte en nuestro sentido común, aprenderemos de lo bueno y de lo malo. Hemos apoyado proyectos innovadores, como el financiamiento al diseño, construcción y puesta en órbita del primer satélite latinoamericano ARSAT-1 en Argentina, el cual, contra todo pronóstico, fue puesto en órbita el 16 de Octubre del 2014, pero también vemos otros casos  donde tenemos margen de mejora.

Así es el negocio del desarrollo, cambia el entorno, cambian los clientes y no siempre hay garantías de éxito. Por eso, la búsqueda del conocimiento, el aprendizaje continuo y la adaptación y utilización de nuestras experiencias son los principios rectores para que nuestra organización aborde los nuevos retos con mayor probabilidad de éxito. 

 

Rafael Fuentes Ejecutivo principal de la Dirección Corporativa de Análisis Económico y Conocimiento para el Desarrollo