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Redes comunitarias como respuesta a la brecha de conectividad31 de octubre de 2018 por: Emily Carrera y Mauricio Agudelo
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América Latina y el Caribe está posicionada en un nivel intermedio en el desarrollo de su ecosistema digital, y los desafíos en este terreno tocan todos los ejes de expansión. Según el Índice de Desarrollo del Ecosistema Digital (IDED) de CAF, al año 2017, la región tiene un nivel de digitalización promedio de 45,47 puntos, teniendo en cuenta la conectividad, digitalización de la producción, digitalización de los hogares, factores de producción, industrias digitales, infraestructura, institucional y regulatorio, así como el nivel de competencia. 

Los bajos niveles de inversión en redes de banda ancha parecen estar detrás de la baja digitalización de la región. Una rápida comparación entre las inversiones anuales por habitantes en América Latina (USD 42.83) con respecto a la de los países de la OCDE (USD 140.88) evidencia el rezago en que nos encontramos. Una situación similar existe en cuanto a la cobertura 4G, penetración de fibra óptica en hogares, velocidad de banda ancha fija y velocidad de banda ancha móvil. 

El desafío de inversión relacionado con la brecha digital no es solo económico (agrupaciones rurales aisladas) sino también tecnológico (brechas en tecnologías de última generación), ya que todavía una gran parte de la población sigue desatendida o bajo uso de la tecnología más antigua (ADSL para banda ancha fija, 2G / 3G para dispositivos móviles banda ancha), incluso en los centros urbanos.  

Esta situación evidencia la necesidad de conectar más a las personas y a los territorios, principalmente a las poblaciones de menores ingresos económicos. Por ello es fundamental avanzar en el cierre de la brecha de conectividad a nivel subnacional, partiendo de que el correlato de la situación es, por ejemplo, una brecha de conectividad en el sector educativo a nivel rural en los países de América Latina. Otro agravante es que las áreas rurales y aisladas generalmente quedan fuera de los planes de inversión del sector privado y dependen de fondos públicos. 

Para que América Latina logre desplegar infraestructuras de clase mundial, es necesario trabajar en las siguientes tres prioridades:

1-      Última milla en redes de Banda Ancha: existe una baja capilaridad de las redes troncales nacionales que sólo cubren hasta los puntos de presencia, grandes diferencias de calidad de servicio entre centros metropolitanos y el resto del territorio, y un elevado costo de redes de última milla en pequeñas ciudades. 

2-      Redes de Banda Ancha Ultrarrápidas: solo el 6% de las líneas de banda ancha son de fibra óptica y que el despliegue limitado afecta la calidad de servicio (baja velocidad de descarga). 

3-      Despliegue de redes 5G: existe un rezago regional en el despliegue de 5G y dicha tecnología es considerada como crítica para la digitalización de la producción y entrega de servicios públicos; además se estima que una alta inversión es requerida para procurar mejorar el despliegue (UK: USD 57 mil millones – Oughton y Frias, 2016; US: USD 640 mil millones – Katz, 2018). 

Aunque las redes comunitarias son variables y dependen del contexto de cada país y localidad, existen múltiples modelos y estrategias de redes comunitarias de las cuales se pueden destacar lecciones aprendidas sobre temas de inicio, sostenibilidad y escalabilidad:

Inicio:

  • Requieren de capital inicial financiado por externos, fondos u organizaciones.
  • Integración de procesos de transparencia y rendición de cuentas.
  • Mapa de ruta de la visión de la red comunitaria acorde con los criterios técnicos y recursos disponibles y previstos.
  • Modelo de negocio y modelo organizacional eficientes y sustentables.

Sostenibilidad:

  • Levantamiento de recursos (crowdfunding, donaciones, responsabilidad social corporativa, entre otros).
  • Mecanismos paralelos donde personas locales construyan la red, puedan administrarla y ofrecer servicios a través de la misma.
  • Contribuciones a los empleados de la red con salarios o incentivos laborales (costos de alimentación, traslado, hospedaje, pagos de capacitaciones, etc).
  • Precios asequibles a los servicios que brinda la red. 

Escalabilidad:

  • Capacitación continua en aspectos importantes para el funcionamiento eficiente y eficaz de la red, para la creación de modelo de negocios, de flujos de ingresos, y para la administración de los servicios de la red.
  • Asesoría técnica experta para responder a consultas en temas de regulaciones, infraestructura, TIC, entre otros.
  • Seleccionar perfiles idóneos de las nuevas comunidades donde se crearán las redes.

Las zonas rurales son determinantes para el crecimiento inclusivo de los países. En este sentido, el apoyo de los principales actores del ecosistema digital resulta imprescindible para crear bienes colectivos, socialmente producidos y de recursos comunes como son las redes comunitarias.

Dada su importancia para el desarrollo económico, el nivel de vida, la competitividad del país y la efectividad del gobierno, los proyectos de menor escala en telecomunicaciones son prioritarios. Fondos como los pool funding catalizan el acceso a la financiación privada para pequeños proyectos. De igual forma, conviene evaluar proyectos de  infraestructura para apalancar el desarrollo de proyectos de redes comunitarias, acompañados de políticas regulatorias que generen un entorno habilitante para diversos aspectos en los que se requiere avanzar y que contribuirían a llevar a cabo dichos proyectos. En este sentido, es importante considerar la asignación del espectro radioeléctrico, las licencias o el acceso a fondos del Servicio Universal de Telecomunicaciones, entre otros.

 

 

 

 

 

 

Emily Carrera y Mauricio AgudeloEmily es oficial en CAF y Mauricio es ejecutivo principal en CAF