Agricultura sostenible, inversiones y políticas de protección: claves para que Paraguay haga frente al cambio climático

21 de noviembre de 2023

CAF presentó el Reporte de Economía y Desarrollo (RED) en Paraguay, donde se expuso una serie de sugerencias, desafíos y soluciones para reducir los impactos de la crisis climática y fortalecer la preservación de los ecosistemas y la biodiversidad en América Latina y el Caribe.

A través de su Reporte de Economía y Desarrollo (RED) “Desafíos globales, soluciones regionales: América Latina y el Caribe frente a la crisis climática y de biodiversidad” - CAF- banco de desarrollo de América Latina y El Caribe- subrayó puntos clave para mitigar los efectos del cambio climático, que amenaza a la seguridad alimentaria y nutricional de los pequeños productores por la aridez y modificaciones en los patrones de precipitación. 

El informe detalla que Paraguay está expuesto a enfrentar fenómenos extremos de forma más frecuente, ya que estos aumentaron desde 0,6 eventos promedio por año en 1980-1999 a 1,5 por año en el período 2000-2021. Las personas afectadas en promedio anualmente pasaron de 35 mil a 142 mil en los mismos períodos. Esto se explica principalmente por la mayor incidencia de las sequías y, en menor medida, por las inundaciones y las tormentas.

Las proyecciones climáticas del nuevo Reporte de Economía y Desarrollo señalan que las temperaturas medias se incrementarán en el país, en línea con el promedio de América Latina y el Caribe: se estima que las temperaturas en Paraguay en 2081-2100 serán 1,0°C mayores que en 1985-2014. Así también, el calor extremo se siente cada vez más en las ciudades; durante la década de 2011-2020, el 78% de las ciudades de Paraguay tuvieron por lo menos una ola de calor y 22 de cada 100 tuvieron olas de calor severas.

Además, las precipitaciones se reducirán y esto, en conjunto con las temperaturas altas, redundará en una mayor aridez (pasando del 3% del territorio en 2014 al 26% en 2100, en un escenario de emisiones altas), afectando particularmente al sector agropecuario. En Paraguay, el 96 % del área de cultivo es de secano, y estos factores representan un problema para las explotaciones pequeñas, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y nutricional de los pequeños productores y en especial la de aquellos enfocados en el autoconsumo.

En este escenario, se podría alterar la disponibilidad de agua en los ríos, lo cual podría afectar en la cantidad disponible para la generación de energía hidroeléctrica. Asimismo, se podrían dar períodos de sequía más prolongados y lluvias más intensas, lo cual dificulta la planificación y la operación de estas plantas.

El informe también señala que las políticas de adaptación pueden tener sinergias positivas con la inclusión social y el crecimiento económico, debido a que permite evitar pérdidas con beneficios económicos por la reducción de riesgos y a la innovación tecnológica.

Para atender las necesidades de adaptación destacan cinco grupos de políticas: prácticas de agricultura sostenible, soluciones basadas en la naturaleza, inversiones en infraestructura de adaptación, políticas para el manejo de riesgo de desastres y medidas regulatorias
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Sergio Díaz-Granados

Para atender las necesidades de adaptación destacan cinco grupos de políticas: prácticas de agricultura sostenible, soluciones basadas en la naturaleza, inversiones en infraestructura de adaptación, políticas para el manejo de riesgo de desastres y medidas regulatorias”, resaltó Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, en la presentación de la RED en Asunción, Paraguay.

La Forestación: clave para la mitigación

Según los estudios, las emisiones de dióxido de carbono por habitante en Paraguay están por encima del promedio mundial, con 15,7 tCO2eq (toneladas de dióxido de carbono equivalente), mientras que sus emisiones por nivel de producto, que miden la intensidad de carbono de la economía, son 1,2 tCO2eq. por cada 1.000 USD de PIB.

Las principales emisiones provienen del sector agricultura, silvicultura, y otros usos de la tierra (ASOUT), el cual engloba el cambio en el uso del suelo (57 %) y el subsector agropecuario (30 %). En orden de importancia le siguen el transporte (8 %), la industria (3 %) y los sistemas de energía (1 %). Las edificaciones contribuyen con las emisiones restantes (1 %).

Promover la forestación es fundamental para mitigar las emisiones que exacerban la crisis climática y este elemento está asociado con fortalecer la sostenibilidad del sector agropecuario. El rendimiento agropecuario en el país en 2021 fue 200% superior con relación a 1961, similar al incremento de América del Sur.

Así también, la región debe abordar la transformación de su matriz energética. En el caso de Paraguay, la oferta primaria de energía es una de las más limpias de América Latina y el Caribe, con el 40 % generado a partir de hidroenergía, 31 % a partir de bioenergía, desechos, geotermia, mientras que el 5 % es generado por energía solar y eólica.

Paraguay ya viene estableciendo importantes metas de mitigación, en especial en su Contribución Nacionalmente Determinada (CDN) en el marco del Acuerdo de París, que se compromete a reducir un 10% de las emisiones para el 2030 con respecto al escenario business as usual, equivalente a una disminución del 20% en comparación con los niveles de 2015.

Asimismo, en el 2017 se sancionó una ley que crea el Fondo Nacional de Cambio Climático (FNCC) para financiar la implementación de acciones climáticas. Con el objetivo de incentivar la inversión privada, se planea desarrollar un mecanismo financiero que facilite el acceso al financiamiento climático para la implementación de la CDN y otras iniciativas climáticas hacia el año 2025.

Ecosistemas y biodiversidad, fortalezas del país

Paraguay, rico en diversidad biológica, cuenta con cinco ecorregiones en el territorio con lo cual se generó la variedad de flora y fauna. El Gran Chaco, que ocupa una parte importante del país, es uno de los ecosistemas más grandes y menos perturbados de América del Sur. El segundo en tamaño y biodiversidad luego de la selva amazónica vecina

En cambio, enfrenta la pérdida acelerada de biodiversidad, especialmente en el Bosque Atlántico del Alto Paraná. La preservación de los ecosistemas se vuelve crucial para la adaptación al cambio climático, mitigación de eventos climáticos extremos y la regulación del clima local.

Preservar el patrimonio natural es imperativo, dado que constituye un elemento fundamental en el propio proceso de desarrollo, por su relevancia para el fomento de un crecimiento económico sostenible y la promoción de la inclusión social. Además, la salvaguarda de los ecosistemas y la diversidad biológica de la región genera beneficios sustanciales a nivel global.

La deforestación con fines agropecuarios se erige como la razón primordial detrás de la pérdida de bosques en América Latina y el Caribe. Paraguay ha experimentado uno de los mayores ritmos de desforestación en la región, evidenciado por una tasa de pérdida que alcanza el 25 % de la extensión boscosa existente en el año 2000. En busca de revertir esta tendencia, recientemente el país ha tomado acciones para combatir la deforestación ilegal, entre las que se destacan el fortalecimiento de las capacidades de monitoreo mediante alertas tempranas de deforestación y un nuevo régimen de infracciones y sanciones forestales.

El establecimiento de áreas resguardadas emerge como una de las estrategias más comunes en la región para salvaguardar el capital natural. Paraguay mantiene el 14 % de su territorio como zona protegida, contrastando con un promedio regional del 22%.

Otra medida en pro de la conservación del capital natural son los pagos por servicios ecosistémicos (PSE), una herramienta diseñada para recompensar a individuos y comunidades que, mediante sus esfuerzos de conservación y regeneración, contribuyen a la prestación de estos servicios.

El reporte remarcó la importancia de acciones coordinadas y políticas efectivas para enfrentar los desafíos climáticos y de biodiversidad en Paraguay y la región. CAF reafirma su compromiso de trabajar conjuntamente con las autoridades locales, la sociedad civil y el sector privado para construir un futuro más sostenible y resiliente.